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Es la pregunta número uno que todo viajero se hace antes de reservar un vuelo a Perú. Y es lógica: cuando el país aparece en las noticias internacionales, casi siempre lo hace ligado a titulares sobre política, protestas o inseguridad. Pero la realidad sobre el terreno es otra cosa. Millones de personas viajan a Perú cada año, recorren Cusco, el Valle Sagrado o la Amazonía y vuelven a casa sin más contratiempo que la tarjeta de la cámara —o la memoria del teléfono— llena de fotos espectaculares: Machu Picchu al amanecer, los andenes del Valle Sagrado y la selva amazónica.
Este artículo no va a venderte un paraíso ni a asustarte. Te va a dar lo que buscabas cuando escribiste esa pregunta en el navegador: datos reales, zonas concretas y precauciones que de verdad sirven.
Los datos reales sobre seguridad en Perú
Empecemos por lo que se puede medir. Según el Índice de Paz Global 2024, Perú ocupa el puesto 103 de 163 países. Para ponerlo en contexto: figura por encima de Argentina (110), Brasil (131) o Colombia (140).
La tasa de homicidios ronda los 6,5 por cada 100.000 habitantes. Estados Unidos, con 6,4, está prácticamente igual; Países Bajos, con 0,6, muy por debajo. Traducido: Perú no es el país tranquilo de Brabante, pero tampoco el lugar peligroso que sugiere el titular de turno. Es un país latinoamericano con realidades muy distintas según dónde estés.
Perú no es un país peligroso ni un destino de riesgo: es un país grande, con realidades muy distintas a pocas horas de distancia.
Zonas turísticas: qué esperar en cada una
Lima. Miraflores, Barranco y San Isidro son seguros de día y razonablemente seguros de noche en las zonas concurridas. Miraflores funciona muy bien como primer contacto: el malecón de la Costa Verde se llena de gente que corre y pasea hasta tarde, y desde ahí se entiende en cinco minutos que la ciudad no es lo que la televisión cuenta.

Cusco y Valle Sagrado. Es la zona más segura para el turismo en todo el país y donde más presencia policial vas a encontrar. Machu Picchu, Ollantaytambo, Pisac y Moray funcionan con una infraestructura turística muy rodada, con miles de visitantes cada día.
Arequipa. Parecida a Cusco en sensación de seguridad. Su centro histórico es peatonal y está declarado Patrimonio de la Humanidad, así que se recorre a pie sin agobios.
Amazonía. Una vez en el lodge, el mayor peligro son los mosquitos. Iquitos y Puerto Maldonado reciben turismo de naturaleza con estándares altos y guías locales que conocen el terreno.

Playas del norte (Máncora). Zona turística consolidada. Lo sensato es moverse en transporte del propio alojamiento y no improvisar rutas de noche.
Estafas comunes y cómo esquivarlas
Aquí no hay sorpresas: son las mismas que en cualquier destino turístico del mundo, con acento local. El «té de la amistad» en bares del centro, el cambio de dinero en la calle con billetes que se esfuman, los falsos guías que ofrecen tours a mitad de precio y el clásico toque del vendedor en los mercados.
Ninguna requiere un manual de seguridad. Requiere lo mismo que en el centro de Ámsterdam un sábado por la noche: no exhibir el móvil de última generación, no cambiar dinero en la calle —los cajeros dentro de bancos y centros comerciales son la vía segura— y desconfiar de quien tiene demasiada prisa por ayudarte.
El mayor peligro real de Perú: el mal de altura
Si hay algo que de verdad puede arruinarte el viaje, no es un robo: es el soroche. Cusco está a 3.400 metros sobre el nivel del mar, y el cuerpo lo nota aunque tú creas que no.

El primer día no se negocia: tómalo con calma, camina despacio, come ligero, bebe mucha agua y recurre al mate de coca, que ayuda de verdad. Evita el alcohol y las comidas pesadas justo al llegar. Si el dolor de cabeza o la náusea no ceden, los hoteles y farmacias locales están acostumbrados y hay oxígeno disponible en casi todas partes.
Lo que casi nadie te dice es que el error típico del viajero europeo es querer «aprovechar» el primer día. No lo hagas. Duerme, hidrátate y al día siguiente el mismo Cusco que parecía imposible se convierte en una ciudad maravillosa.
El primer día en los Andes no es para ver, es para aclimatarse: quien lo respeta, disfruta el resto del viaje.
Cómo moverse por el país sin sustos
El transporte es la parte que más se descuida y la que más disgustos da. Dentro de Lima, aplicaciones como Uber o Didi funcionan bien y quitan de la ecuación el regateo del taxi de la calle. En Cusco, es más cómodo pedir el taxi desde el hotel o usar una agencia conocida que parar el primero que pase.
Entre ciudades, los vuelos y los buses turísticos de larga distancia están bien organizados. Para trayectos nocturnos, mejor las compañías serias que salen de estación y no las que te recogen en una esquina. La regla, otra vez, es sencilla: si algo parece improvisado, probablemente lo sea.
Consejos prácticos para viajeros desde Países Bajos
Documentación. Los ciudadanos neerlandeses no necesitan visado para estancias turísticas de hasta 183 días. Lleva siempre el pasaporte —muchos hoteles lo piden para el registro— y una copia aparte.
Vacunas. No hay vacunas obligatorias para entrar en Perú. Sí se recomienda la de la fiebre amarilla si vas a la selva (Iquitos, Puerto Maldonado, Tarapoto). Consulta con tu GGD antes de reservar.

Agua. No bebas agua del grifo. En restaurantes y hoteles el agua es filtrada y segura; en la calle, embotellada.
Dinero. Los cajeros automáticos de bancos y centros comerciales son la opción segura. Lleva algo de efectivo en soles para mercados y propinas, pero no grandes sumas encima.
Seguro de viaje. Imprescindible. Comprueba que cubra emergencias médicas, evacuación de montaña y cancelación: muchos seguros europeos no cubren América Latina sin un complemento específico.
Situación política y protestas
Perú ha atravesado periodos de inestabilidad política en los últimos años, con protestas en algunas regiones. Conviene entender que suelen estar localizadas —a menudo en el sur andino— y rara vez afectan a los circuitos turísticos principales. Incluso en momentos de tensión, el gobierno suele habilitar corredores turísticos seguros.
Lo prudente es consultar las recomendaciones de viaje del Ministerio de Asuntos Exteriores neerlandés antes de salir y, ya en el país, preguntar en tu alojamiento por la situación del día. La información local siempre gana a la de un titular de hace dos semanas.
Cuándo viajar y cómo no equivocarte con el itinerario
La temporada seca, de mayo a septiembre, es la más cómoda para la sierra y para el Camino Inca. La temporada de lluvias, de diciembre a marzo, cambia el paisaje —todo más verde— pero complica algunos trekkings.
Un error frecuente es meter demasiadas ciudades en pocos días. Cusco no se visita en dos días: se vive en cuatro o cinco, con tiempo para el Valle Sagrado, para Machu Picchu y, sobre todo, para aclimatarse. Y si el itinerario incluye Amazonía, deja el lodge para el final: la selva premia la calma, no las prisas.
¿Es seguro para quien viaja sola?
Es una de las preguntas que más se repiten, sobre todo entre lectoras. La respuesta corta: sí, con matices. Perú tiene una cultura hospitalaria y un circuito turístico muy rodado, y miles de mujeres recorren el país solas cada año sin incidentes.

Los matices son los mismos que en cualquier destino: de noche, mejor moverse en taxi de confianza y evitar calles vacías; en bares, no perder de vista la bebida; y en mercados o estaciones concurridas, llevar la mochila delante. La ventaja de Perú es que el turismo está muy concentrado en zonas seguras —Cusco, el Valle Sagrado, Miraflores— y que la comunidad viajera local responde con rapidez a cualquier consulta.
La recomendación práctica: alojarse en zonas turísticas consolidadas, usar los grupos y foros de viajeros para preguntar por el terreno concreto que vas a pisar, y no anunciar a desconocidos dónde duermes o cuánto tiempo estarás fuera.
Cuánto cuesta y cómo no pagar de más
Perú admite muchos presupuestos. Un viajero mochilero puede moverse con 30-40 euros al día entre alojamiento básico, menús del día y transporte público. Un viaje de confort —hoteles de tres o cuatro estrellas, restaurantes y traslados privados— se mueve cómodamente entre 80 y 120 euros diarios. Y para las rutas clásicas, los precios se disparan solo en tres cosas: el tren a Machu Picchu, el Camino Inca y los vuelos internos en temporada alta.
Dónde se va el dinero sin que te des cuenta: los tours comprados en la calle a última hora, los taxis sin tarifa acordada y el cambio de moneda en el aeropuerto. Reservar el tren y las entradas con antelación, cambiar dinero en bancos o casas de cambio formales y pactar el precio del taxi antes de subir ahorra más que cualquier cupón.
Si algo ocurre: a quién llamar y dónde pedir ayuda
Los números de emergencia de Perú son gratuitos y funcionan desde cualquier teléfono: 105 para la Policía Nacional, 106 para emergencias médicas y 116 para bomberos. Merece la pena tenerlos guardados antes de aterrizar.
Si el problema es de papeles —pasaporte perdido, un robo con denuncia para el seguro—, lo primero es la comisaría del distrito, y después la Embajada del Reino de los Países Bajos en Lima, que atiende a ciudadanos neerlandeses. Guarda una copia digital del pasaporte y del seguro en el correo o en la nube: resuelve más trámites de los que parece.
Embajada de los Países Bajos en Lima
Torre Parque Mar, Av. José Larco 1301, piso 13, Miraflores — Lima
Teléfono: +51 1 213 9800 (disponible 24 horas, 7 días a la semana)
Atención al público: de martes a jueves, 9:00–12:30, solo con cita previa
Correo: lim@minbuza.nl · Web: netherlandsworldwide.nl
Y para cualquier urgencia desde el extranjero, el Ministerio de Asuntos Exteriores neerlandés tiene un centro de contacto que responde las 24 horas del día: +31 247 247 247. Sirve también para consultas de viajeros y de familiares que estén en Países Bajos.
Y un consejo que dan casi todos los que han viajado: el personal del alojamiento es tu mejor recurso local. Sabe a qué hora moverse, qué barrio evitar y a qué teléfono llamar. Pregunta antes de improvisar.

Reflexión final
Perú es un país enorme, diverso y, con información y sentido común, perfectamente seguro para el turista. El riesgo de no ir es mucho mayor que el de ir: quedarte sin ver Machu Picchu al amanecer, sin probar el ceviche de un mercado de Lima o sin entender por qué tres mil variedades de papa caben en un mismo país.
Viaja con los ojos abiertos, respeta los tiempos del cuerpo y pregunta antes de improvisar. Con eso, lo más probable es que vuelvas con la misma respuesta que dan casi todos: que fue mucho más tranquilo de lo que esperabas.
Si ya has viajado a Perú desde los Países Bajos, cuéntanoslo en los comentarios: ¿te sentiste seguro? ¿Qué consejo darías a quien lo está planeando? Y si estás preparando el viaje, revisa nuestras guías sobre Machu Picchu, la mejor temporada para viajar al Perú y los misterios y tradiciones que no salen en las guías.




