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Mientras cada vez más europeos incorporan maca, lúcuma o camu camu a su alimentación, una científica peruana trabaja para acercar el legado nutricional de los Andes al mercado europeo con respaldo científico.
Jeroen se despierta a las 6:30 de la mañana en Gouda, como cada día. Mientras la casa sigue en silencio, entra en la cocina y repite un ritual que hace apenas unos años le habría parecido impensable. Una cucharada de maca gelatinizada. Otra de lúcuma. Un toque de camu camu. Agua tibia. Remueve la mezcla y da el primer sorbo.
No siempre fue así.
Antes de viajar a Perú, su desayuno se parecía al de muchos europeos: batidos de proteína, suplementos deportivos y productos con largas listas de ingredientes difíciles de pronunciar. Cumplían su función, pero no despertaban demasiada curiosidad.
Todo cambió en 2023.
Durante un viaje por Perú descubrió alimentos que, hasta entonces, le eran completamente desconocidos. En un mercado de Cusco encontró los primeros. Probó la maca en los Andes, degustó postres elaborados con lúcuma, bebió camu camu en la Amazonía y encontró la quinoa en sopas tradicionales. Más que nuevos sabores, descubrió una forma distinta de entender la alimentación: productos consumidos durante generaciones, estrechamente ligados a la tierra y a la cultura peruana.
Al regresar a los Países Bajos, empezó a buscarlos para incorporarlos a su rutina diaria.
Jeroen no es una excepción. Cada vez más europeos regresan de Perú con la misma curiosidad. Lo que durante siglos fue parte de la alimentación de los pueblos andinos —maca, lúcuma, camu camu, sacha inchi o cacao nativo— empieza a abrirse camino en cocinas y desayunos de toda Europa.
Detrás de ese cambio hay personas que trabajan para acercar estos alimentos al mercado europeo con conocimiento científico y respeto por su origen. Una de ellas es Leyla Alpaca Carnero.
Bióloga, microbióloga, con una maestría en Ingeniería Industrial, además de cantante, compositora y madre de dos hijos, Leyla fundó Olā Nutri Vitalis con una misión clara: acercar los superalimentos peruanos al consumidor europeo sin perder de vista su historia, su calidad y el legado cultural que representan.
El poder de los alimentos humildes: la lección que Leyla aprendió en casa
La historia de Leyla no empezó en un laboratorio europeo. Empezó mucho antes, en Perú. En casa, en familia. Fue allí donde aprendió que algunos de los alimentos más humildes de su tierra podían convertirse, años después, en un puente entre dos continentes.
Antes de que la maca fuera un hashtag en Instagram, antes de que la lúcuma apareciera en smoothie bowls de Ámsterdam, esos mismos ingredientes ya estaban en la cocina peruana desde hace milenios. Leyla los disfrutaba en casa, en Arequipa. Su madre los usaba a diario — en jugos, en postres, en la comida de cada día — no porque fueran tendencia, sino porque había crecido con ellos y sabía lo que valían.
No había ciencia ni marketing de por medio. Había conocimiento heredado, transmitido de generación en generación. Su madre siempre decía que esos alimentos eran un tesoro que el mundo aún no conocía.

Esa convicción se le quedó grabada. Pero Leyla no solo heredó el amor por los superfoods andinos. También llevaba en la sangre una vena emprendedora que venía de su abuelo, a quien no llegó a conocer, pero cuya historia resonaba en la familia: un hombre que construyó “Deportes Alpaca”, un negocio que en su época fue más que una tienda — Eso fue para Leyla un mensaje que siempre le recordaba su padre: Se podía crear algo propio, con esfuerzo y visión. Sin saberlo, Leyla seguiría sus pasos décadas después, pero en un escenario distinto: llevando productos peruanos al mercado europeo.
Años más tarde, cuando cruzó los cielos hacia México y España, y después hacia los Países Bajos, Leyla llevaba consigo más que recuerdos de su infancia. Llevaba también la certeza de que en esos ingredientes humildes —los mismos que su madre usaba cada día— había un potencial que el mundo apenas empezaba a descubrir. No sabía exactamente cómo, pero sentía que algún día encontraría la manera de compartirlos.
Hoy, al mirar atrás, Leyla entiende todo. Entiende que esos momentos que parecían pequeños —la mesa siempre lista para una visita más, las risas compartidas entre platos de comida, la música sonando de fondo mientras la familia se reunía— no eran solo escenas de una infancia feliz. Fueron las semillas que habían sido sembradas en ella y que esperaban con paciencia las condiciones para germinar.
Una infancia sencilla y cálida donde sus padres, sin aspavientos, sin discursos, fueron sembrando con amor todo lo que algún día daría fruto. Leyla solo necesitaba crecer, cruzar océanos, y abrazar esos recuerdos para darse cuenta.
De bióloga a emprendedora: el viaje que lo cambió todo
Con una formación en biología y microbiología, Leyla no planeaba convertirse en empresaria. Antes de establecerse en Europa, tuvo la oportunidad de continuar sus estudios y, más tarde, trabajar en México. Fue allí donde conoció a quien sería su esposo, de origen húngaro. Años después, cuando él recibió una oferta laboral, ambos se trasladaron a los Países Bajos. Lo que empezó como un traslado familiar se convirtió, sin que ella lo anticipara, en el punto de inflexión de su vida profesional.

Fue en Europa donde empezó a notar algo que la intrigaba: la gente hablaba cada vez más de superalimentos, pero pocos conocían los que realmente venían de Perú. En los supermercados holandeses, la quinoa y el cacao eran ya conocidos, pero la maca, la lúcuma o el camu camu seguían siendo un misterio para la mayoría.
Cuando Leyla explicaba de dónde venían, qué propiedades tenían y cómo se usaban tradicionalmente, la reacción era siempre la misma: sorpresa seguida de curiosidad. “¿Y dónde se compra eso?” Esa pregunta —simple, directa, sin artificios— se repitió tantas veces que dejó de ser una anécdota para convertirse en una señal. En ese momento Leyla entendió algo que cambiaría su rumbo: el problema no era que la gente no quisiera estos productos. Era que nadie los traía como debían ser traídos. Sin perder su esencia, sin simplificar su historia, sin tratarlos como una moda más. Lo que no sabía aún era que esa constatación, hecha entre conversaciones informales entre amigos, conocidos y cocinas europeas, se convertiría en el nacimiento de Olā Nutri Vitalis.
El paso de científica a emprendedora no fue inmediato. Leyla combinó durante un tiempo su trabajo como bióloga con las primeras gestiones del negocio. Pero cuanto más aprendía sobre el mercado europeo de superalimentos, más clara tenía una cosa: faltaba rigor científico. Había mucho marketing, pero poca información respaldada por la ciencia. Y ese era exactamente el hueco que ella podía llenar.
Olā Nutri Vitalis: el negocio que nació de una creencia familiar
Olā Nutri Vitalis no es una empresa de superalimentos al uso. Detrás de cada producto hay un proceso de selección que Leyla supervisa personalmente, buscando proveedores en Perú que compartan su visión: calidad, trazabilidad, 100% orgánicos y respeto por las comunidades productoras. Ese rigor le ha valido ser licenciataria de la Marca País Perú, el sello oficial que PROMPERÚ concede a quienes llevan lo mejor de Perú al mundo.

La marca se distingue por algo que Leyla considera fundamental: no vende superalimentos como una moda, sino como parte de una tradición viva. Cada envase de maca o lúcuma que llega a un hogar europeo lleva consigo una historia que empezó siglos atrás, en los Andes peruanos.
“No quiero que la gente compre maca porque es tendencia. Quiero que entiendan lo que están consumiendo, de dónde viene y por qué durante generaciones los pueblos andinos la han considerado un alimento sagrado. Ese respeto por el origen es lo que marca la diferencia.”
— Leyla Alpaca
La ciencia —su formación original— sigue siendo el pilar de la empresa. Leyla no se limita a importar productos; investiga, compara estudios y selecciona aquellos que realmente ofrecen un valor nutricional contrastado. Para ella, la honestidad con el consumidor no es una estrategia de marketing: es una responsabilidad.
Superfoods peruanos 101: lo que necesitas saber
Maca
Conocida como el “ginseng peruano”, la maca crece en las alturas de los Andes, por encima de los 4.000 metros. Existen tres variedades, la trilogía Amarilla, Roja y Negra. Es un adaptógeno natural que ayuda al cuerpo a manejar el estrés, mejora la energía y favorece el equilibrio hormonal. Se consume en polvo, gelatinizada o en cápsulas.
Lúcuma
Considerada el “oro de los Incas”, la lúcuma es una fruta con un sabor que recuerda al caramelo y al jarabe de arce, pero con un índice glucémico bajo. Es rica en antioxidantes, beta-caroteno y hierro. Perfecta como endulzante natural en batidos, postres y repostería saludable.
Camu Camu
Originario de la Amazonía peruana, el camu camu es una de las frutas con mayor concentración de vitamina C del planeta. 100 gramos de camu camu pueden aportar hasta 40 – 60 veces más vitamina C que 100 gramos de naranja. Se usa para fortalecer el sistema inmunológico y como antioxidante natural.
Sacha Inchi
También conocido como maní del Inca o sacha peanut, es una semilla amazónica rica en omega-3, omega-6 y omega-9. Su perfil de ácidos grasos la convierte en un aliado para la salud cardiovascular. Se consume en aceite, en polvo o como snack tostado.
La salud como prioridad: cuando el cuerpo te pide cambiar
Para Leyla, el interés por los superalimentos no es solo profesional. También es personal. Fue después de ser madre cuando empezó a prestar más atención a su propia alimentación y a la de su familia. El ritmo entre el trabajo, los niños y la vida en un país nuevo la llevó a buscar opciones que le dieran energía sin recurrir a procesados.
“Cuando tienes hijos, tu prioridad cambia. Empiezas a preguntarte qué estás comiendo, qué les estás dando a ellos. Y ahí te das cuenta de que lo más sencillo es muchas veces lo más poderoso”, dice.
Esa conciencia la llevó a integrar los superalimentos peruanos en su día a día de una manera natural, sin obsesiones ni restricciones extremas. Una cucharada de maca en el desayuno. Lúcuma para endulzar. Camu camu para las defensas. Pequeños gestos que, con el tiempo, se convirtieron en hábitos.
Su formación científica le da una ventaja: no se deja llevar por modas ni promesas milagrosas. Cada producto que ofrece en Olā Nutri Vitalis pasa por un filtro de evidencia. No basta con que sea tradicional; tiene que estar respaldado por datos.
La música como segundo idioma
Si hay algo que Leyla valora tanto como la ciencia, es la música. Cantante y compositora, encontró en las canciones una forma de conectar con sus raíces peruanas mientras vivía en Europa. Para ella, la música no es un hobby: es otro lenguaje, otra manera de comunicar lo que las palabras no siempre alcanzan a decir.

Hay una conexión profunda entre su faceta artística y su trabajo con los superalimentos. Ambas nacen de un mismo lugar: el deseo de compartir lo que Perú le ha dado. Así como la música peruana empieza a sonar en escenarios europeos, los ingredientes andinos empiezan a aparecer en cocinas que nunca antes los habían probado.
“La música siempre ha sido parte de mi vida. Desde pequeña, en mi casa se cantaba. Mi padre es cantante y de él heredamos la vena artística, mi hermana y yo formamos un dúo “Leyla & Lissette”, y hasta hoy la música me acompaña. Es otra forma de expresar lo que llevo dentro”, comparte.
La familia multilingüe: español, húngaro, inglés y neerlandés
Leyla y su familia viven entre idiomas. En casa se habla español, húngaro, inglés y neerlandés, dependiendo del momento y de quién hable. Sus hijos crecen escuchando las historias de una madre peruana que llegó a Europa por el trabajo de su esposo y que, sin planearlo, terminó construyendo un puente entre continentes a través de la alimentación.
Criar hijos en un entorno multicultural tiene sus desafíos, pero también regala una perspectiva única: la de entender que las fronteras son inventadas, y que lo que realmente importa —la comida, la música, la familia— se comparte más allá de los idiomas.
“Quiero que mis hijos sepan de dónde vienen. Que conozcan Perú, que entiendan por qué su abuela ponía maca y lúcuma en los jugos, por qué su abuelo les ha inculcado el amor a la música y el arte y que sepan que su bisabuelo construyó un negocio desde cero. Que sepan que pueden hacer lo mismo, donde sea que estén.”
— Leyla Alpaca
Tres palabras que definen su camino
Si Leyla tuviera que resumir su historia en tres palabras, probablemente serían estas: raíz, ciencia y puente.
Raíz, porque todo lo que hace hoy nació en Perú, en una cocina familiar donde los superalimentos no eran tendencia, eran vida cotidiana. Ciencia, porque su formación de bióloga y microbióloga es la brújula que guía cada decisión en Olā Nutri Vitalis. Y puente, porque su misión es conectar dos mundos —el andino y el europeo— a través de lo más básico y al mismo tiempo más profundo: la comida.

Mientras Jeroen sigue tomando su maca cada mañana en Gouda, y mientras cientos de europeos descubren que la lúcuma endulza mejor que el azúcar, Leyla sigue trabajando. Con la misma convicción que aprendió en casa, con el rigor que le dio la ciencia y con la certeza de que los alimentos humildes de su tierra tienen aún mucho que decir en el mundo.
La revolución silenciosa de los superalimentos peruanos no la está liderando una multinacional. La está liderando una bióloga peruana que un día decidió que su legado familiar merecía cruzar el océano.
Leyla no esperó a que nadie le diera permiso para compartir lo suyo. Con formación científica, convicciones de familia y la determinación de quien sabe que puede construir puentes donde otros solo ven distancia, hoy sigue trabajando para que los superfoods peruanos lleguen a más mesas europeas. Si esta historia te resonó, puedes seguir su camino y descubrir más sobre su trabajo visitando su sitio web. Detrás de cada producto hay una historia —y la de Leyla recién empieza.

En Peruanos.nl creemos que las historias como la de Leyla merecen ser contadas, leídas y celebradas. Si este artículo te recordó los sabores de casa, te inspiró a mirar con otros ojos lo que comes o te hizo sentir orgulloso de las raíces que llevamos dentro, déjanos un me gusta y cuéntanos en los comentarios qué te pareció. También puedes compartirlo en tus redes. Ayúdanos a seguir dando voz a quienes construyen puentes entre Perú y Europa. Y si quieres recibir más historias como esta, suscríbete a nuestra newsletter para no perderte ninguna.




