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¿Qué harías si tuvieras que empezar de cero en otro país… con hijos, sin hablar el idioma y con un sueño imposible de ignorar? Algunas personas lo intentan. Otras se rinden. Rosa María decidió ir más allá.
Antes de llevar el sabor del Perú a los Países Bajos, fue una niña que cocinaba para sus hermanos mientras su madre trabajaba. Más adelante, se convirtió en una adolescente que transformó 100 dólares en su primer negocio. Luego sería migrante, emprendedora y madre… pero también una mujer que, en uno de los momentos más difíciles de su vida, encontró en un sueño la fuerza para empezar de nuevo.
Hoy, a través de Inti Catering, no solo sirve comida peruana. En cada plato hay historia, identidad y emoción. Porque detrás de lo que llega a la mesa existe algo que no aparece en el menú: sacrificio, resiliencia y una conexión profunda con sus raíces.
Esta no es solo la historia de una emprendedora peruana en Europa. Es la historia de cómo el esfuerzo, cuando se mezcla con pasión, puede cruzar continentes y tocar vidas. Y quizás, mientras lees, descubras algo más que una historia. Quizás descubras un poco de la tuya.
De La Victoria a Los Olivos: una infancia marcada por el esfuerzo y una emprendedora desde niña
Rosa María nació en Lima, en el distrito La Victoria, pero fue en Los Olivos donde creció y donde comenzó a formarse como persona. Recuerda esa etapa con cariño, no por la facilidad, sino por todo lo que le enseñó. Era un entorno sencillo, pero lleno de valores, donde el esfuerzo y la constancia no eran una opción, sino parte de la vida diaria.
En su familia, cada uno tenía un rol. Su padre, con carácter firme, le inculcó disciplina y responsabilidad desde muy pequeña. Su madre, en cambio, le enseñó desde el amor: a compartir, a cuidar y, sin saberlo, a cocinar. Entre ambos, sembraron en ella una base que con el tiempo se convertiría en su mayor fortaleza.

Pero Rosa María no esperó a ser adulta para emprender. Desde niña ya mostraba iniciativa: creaba y vendía adornos hechos a mano, ayudaba a su madre en el mercado y aprendía a tratar con las personas. Todo eso formaba parte de su día a día, de una infancia donde jugar y trabajar convivían de forma natural.
Años más tarde, una situación inesperada marcaría un antes y un después. Encontró un billete de 100 dólares. Para muchos habría sido un golpe de suerte momentáneo. Para ella, fue una oportunidad. Decidió invertirlo en un pequeño negocio de zapatos, inspirada por las campañas escolares de la época. Lo que comenzó como algo pequeño creció rápidamente: logró abrir dos tiendas en Los Olivos y formar su propio equipo de trabajo.
Pero más allá del crecimiento económico, lo que realmente construyó fue una mentalidad. Entendió que con esfuerzo, creatividad y determinación, siempre es posible salir adelante.
La cocina peruana: el lugar donde nació su pasión
Si el emprendimiento fue parte de su carácter, la cocina fue parte de su esencia. Todo empezó en casa, cuando apenas tenía ocho años. Mientras su madre trabajaba, Rosa María se quedaba al cuidado de sus hermanos y asumía una responsabilidad que, con el tiempo, se convertiría en pasión: cocinar para ellos. Su primer reto fue algo tan simple como preparar arroz blanco, un elemento fundamental en la mesa peruana. Pero para ella no era solo una tarea, era una forma de ayudar, de aportar, de cuidar.
Con el tiempo, ese arroz dejó de ser suficiente. Quería hacer más, mejorar, sorprender. Empezó a experimentar con guisos, a preguntar en los mercados, a aprender de otras mujeres, especialmente de las más mayores, que compartían sus secretos con generosidad. Cada receta era un descubrimiento, cada plato una pequeña victoria.
Cocinar se convirtió en su lenguaje. Una manera de expresar cariño sin necesidad de palabras. Ver a su familia disfrutar de lo que preparaba era, para ella, una de las mayores satisfacciones.
Hay sabores que aún hoy la transportan directamente a su infancia. El ceviche, fresco y vibrante, que reunía a todos en los días calurosos. La causa limeña, que preparaban como si fuera una obra de arte, tan hermosa que casi daba pena cortarla. Y el ají de gallina, ese clásico que nunca faltaba y que siempre se acompañaba con pan, creando momentos simples pero profundamente felices. Detrás de cada uno de esos platos hay recuerdos, emociones y una historia que sigue viva en su cocina.
El lado humano de una emprendedora peruana en Holanda
Si hay algo que define a Rosa María más allá de su esfuerzo y su talento en la cocina, es su necesidad casi instintiva de ayudar. Su corazón simplemente no soporta la injusticia. Cuando ve a alguien en problemas, ella se lanza al rescate. Así, sin más. Ella nos comparte dos anécdotas de tantas.
Un momento que aún recuerda con especial emoción fue cuando dos hermanitos pequeños llegaron a su tienda en Lima. Estaban solos, sucios, con la ropa deteriorada y el hambre reflejada en la mirada. Dijeron que su madre los había dejado solos y que tenían hambre. Rosa María no lo dudó. En vez de darles dinero, los llevó a comer, los aseó por completo, los dejó limpios y les regaló zapatos y ropa nueva. Su padre vivió más de una vez esa escena. Otra anécdota que nos comparte Rosa María fue cuando, de regreso a Lima de visita, un día se encontró con una mujer completamente desconocida, desamparada y con dos hijos. Sin dudarlo, la llevó a casa de su padre, les dio comida y le dio ropa de su propia hija a esa mujer para que pudiera vestir a las niñas. Su padre, al enterarse, no lo entendió y la reprendió. Rosa María recuerda que mientras su padre la reprendía, ella agachaba la cabeza en silencio con respeto, pero por dentro se reía, como cuando de niños sabemos que hemos hecho una travesura y, a pesar del castigo, sonreímos por dentro porque volveríamos a hacerlo.

Ella lo cuenta entre risas. Para ella ya no es un momento tenso, sino una anécdota que la define. «Mi papá se enojó bastante, pero yo no pude hacer otra cosa», dice. Su instinto fue más fuerte, y ese mismo instinto es el que la ha llevado a donde está. Quienes la conocen saben que Rosa María es de esas personas que hacen que quien está a su lado se sienta a gusto, porque para ella ayudar no es un gesto heroico. Es simplemente parte de quien es, y eso hoy lo imprime en cada plato que cocina.
Santander: el primer salto al otro lado del océano
A los 23 años, Rosa María tomó una decisión que cambiaría el rumbo de su vida: viajar a España. No lo hizo por necesidad, sino por curiosidad, por ese deseo de descubrir qué había más allá de lo conocido.
Llegó a Santander y desde el primer momento todo era nuevo: la cultura, la forma de vivir, los bares en cada esquina, las tapas, la vida social alrededor de la comida. Comenzó como bartender, pero su interés por la cocina la llevó a involucrarse más. Ayudaba, observaba, aprendía. Su curiosidad hizo el resto.
Lo que empezó como una experiencia temporal se transformó en un camino profesional. España no solo le enseñó sobre gastronomía, sino que le mostró que podía reinventarse y abrirse a oportunidades que nunca había imaginado.
Ámsterdam: empezar de cero y construir un nuevo hogar
Después de años de trabajo en España, donde incluso llegó a tener sus propios negocios en el sector de la hostelería, la crisis económica marcó un punto de quiebre. Mantener una empresa se volvió cada vez más difícil, y una vez más, Rosa María tuvo que tomar una decisión importante. Fue entonces cuando surgió la oportunidad de mudarse a los Países Bajos.

El cambio no fue sencillo. El idioma, la cultura, la adaptación. Y sobre todo, encontrar un hogar donde poder traer a sus hijos. Durante un tiempo vivió compartiendo espacios, enfocada en trabajar. Pero su objetivo era más grande. Con paciencia y determinación, logró establecerse y reunir a su familia.
En Ámsterdam trabajó como cocinera en un restaurante peruano, donde no solo perfeccionó su técnica, sino que también asumió responsabilidades importantes, como liderar equipos y formar a nuevos trabajadores. Fue una etapa exigente, pero clave para su crecimiento profesional.
A pesar de las dificultades, nunca perdió de vista lo que realmente quería: volver a emprender.
Inti Catering: el sueño que nació en la oscuridad
Hay momentos en la vida que lo cambian todo. No porque lo planeaste… sino porque no te queda otra opción que hacerlo.
En 2019, Rosa María se encontraba en una etapa compleja. Había cambiado de ciudad, estaba enfocada en aprender neerlandés y, como madre soltera, llevaba sobre sus hombros no solo sus propios sueños, sino también el futuro de sus hijos.

Trabajó en distintos empleos, incluso fuera de la cocina, pero en el fondo sabía que algo faltaba. No era feliz lejos de su verdadera pasión. Y fue en uno de esos momentos difíciles, cuando todo parecía incierto, que ocurrió algo inesperado. Un sueño.
Se vio a sí misma en un lugar oscuro, como dentro de un pozo. Sentía la necesidad de salir, de encontrar una salida. Y en ese instante apareció una palabra:
Inti – El dios sol de los incas:
– La luz.
– La energía.
– La esperanza.
Ese sueño no fue solo una imagen. Fue una respuesta. Fue el impulso que necesitaba para volver a creer en sí misma y dar el paso que había estado postergando: emprender de nuevo, pero esta vez desde su esencia.
Así nació Inti Catering. No solo como un negocio, sino como un símbolo de renacimiento.
El sabor del Perú en Países Bajos: más que comida, una experiencia cultural
Desde el inicio, Rosa María tuvo algo claro: no quería ofrecer solo comida. Quería ofrecer una experiencia.
En un país donde muchos aún asocian el Perú únicamente con Machu Picchu, su propuesta busca ir mucho más allá. A través de cada plato, invita a descubrir una cultura rica, diversa y profundamente emocional.

Su cocina es auténtica, hecha con respeto por la tradición y con ese toque personal que solo viene de la experiencia y el amor por lo que se hace. Y el público neerlandés ha respondido.
Platos como el ceviche, el lomo saltado, la causa limeña, el ají de gallina o las empanadas se han convertido en favoritos. Sabores intensos, frescos, diferentes… que sorprenden y se quedan en la memoria. Pero lo que realmente marca la diferencia no es solo el sabor. Es la intención.
Cada evento, cada catering, cada plato servido tiene un propósito: conectar. Hacer que las personas no solo prueben algo nuevo, sino que sientan algo distinto.
Porque cuando la comida tiene historia, se convierte en algo mucho más poderoso.
Madre y emprendedora: la fuerza detrás de su historia
Detrás de todo lo que ha construido hay un motor que nunca falla: sus hijos.
Ser madre y emprendedora al mismo tiempo no ha sido fácil. Ha implicado madrugadas sin dormir, cumpleaños celebrados con prisas y decisiones que ninguna madre debería tener que tomar sola. Pero también ha sido su mayor fuente de fuerza.
Durante años, ejerció como madre y padre a la vez. La adolescencia de sus hijos, la adaptación a un nuevo país, el idioma, la burocracia, la construcción de un hogar desde cero. Todo era nuevo y todo pesaba. Y aun así, nunca se detuvo.
Hoy, su historia es mucho más que un logro personal. Es un testimonio de lo que significa avanzar cuando todo empuja hacia atrás. De construir algo propio sin perderse en el intento. Porque al final, cada plato que cocina, cada evento que organiza, cada cliente que prueba su comida, tiene un mismo propósito: crear un futuro mejor para los suyos.
Inti Catering: el sabor del Perú que está conquistando Países Bajos
La historia de Rosa María es una de esas que se quedan contigo. Porque no habla solo de éxito, sino de todo lo que hay detrás: esfuerzo, caídas, decisiones difíciles… y la valentía de volver a empezar.
Hoy, a través de Inti Catering, ese camino se traduce en algo que se puede compartir: una experiencia gastronómica auténtica, cercana y llena de identidad.
Si estás en los Países Bajos y quieres descubrir el verdadero sabor del Perú, esta es una oportunidad para hacerlo de una manera diferente. Ya sea en un evento privado, una reunión especial o una experiencia cultural, cada plato lleva consigo una historia que merece ser contada. Y tú puedes ser parte de ella.
Si deseas conocer más sobre Rosa María y Inti Catering, síguela en sus redes sociales, o su pagina web.

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