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El sonido metálico de las pesas rompe el silencio de la mañana. En un rincón del gimnasio, una mujer se mueve con precisión, concentrada, repitiendo cada ejercicio como si en cada repetición hubiera algo más en juego que el propio cuerpo. En sus auriculares suena música andina. Afuera, el clima europeo impone su ritmo frío y ordenado. Dentro, late el recuerdo del Perú.
Yeny Bal nació en Arequipa, creció entre volcanes, tradiciones y raíces profundas. Pero hoy, desde Europa, ha construido una nueva vida donde la maternidad, la disciplina y el deporte se entrelazan con una identidad que no se negocia.
Es madre, migrante y fisicoculturista. Pero, sobre todo, es una mujer que ha aprendido a sostenerse a sí misma.
Esta es la historia de Yeny Bal.
Entre Pesas y Recuerdos: Una Fuerza Que Nace Desde el Perú
Nacer en Arequipa no es solo una ubicación geográfica, es una forma de mirar el mundo. Yeny creció protegida por la presencia imponente de los volcanes, especialmente el Misti, siempre presente, el aire limpio y la sensación de que el mundo era grande, pero alcanzable. Desde niña, Yeny desarrolló una curiosidad silenciosa, una necesidad de ir más allá, de descubrir qué había detrás de lo conocido.
Su infancia estuvo marcada por una familia unida, donde los valores no se enseñaban con discursos, sino con acciones. La solidaridad, el respeto y la perseverancia no eran conceptos abstractos, sino prácticas diarias. Acompañar, ayudar, compartir. En ese entorno, aprendió que la fuerza también puede ser silenciosa.
Esa mezcla entre raíces profundas y deseo de avanzar fue construyendo una identidad firme. Una que más adelante le permitiría adaptarse sin perderse.


La Guía que Enfrentó a un Turista Para Defender a sus Ancestros
Antes del fisicoculturismo, antes de Europa, Yeny era guía de turismo en el Cañón del Colca. Su trabajo no era llevar turistas de un punto a otro. Era explicar el Perú, hacerlo sentir. Y, cuando hacía falta, defenderlo.
Una vez vio a un visitante tomar un cráneo deformado de una tumba preincaica y ponerle un cigarro en la boca, riéndose. Ella estalló. Le dio una lección delante de los otros veinte turistas. Todos se disculparon. Él reconoció su error como algo que nunca olvidaría. Ese momento ella reforzó su conexión con sus raíces y sus ancestros.
Esa escena — una mujer pequeña enfrentándose a un extranjero para defender la memoria de los suyos — es la mejor foto de quién era Yeny Bal antes de que el deporte la encontrara.
De los Andes al Corazón de Europa: el Salto Hacia lo Desconocido
Cuando Yeny trabajaba en una agencia de viajes en Arequipa, un chico neerlandés cruzó la puerta preguntando por la Colonial Tour. Quería practicar español, conocer la ciudad. Ella lo miró y pensó algo que jamás diría en voz alta: «Wow, cómo sería un bebé con esos ojos…» Él estaba allí por un corto tiempo, practicando español como parte del equipo. Poco a poco, empezó a acercarse más a ella y un día la invitó al cine. Sus jefas empujaron a Yeny como quien da un empujón cariñoso de ánimo: «Anda, vive un poco». Una incluso le explicó que si él ponía el brazo en su hombro, no se asustara. «Es normal», le dijo. «Así son ellos». Fue así, con esa invitación, cuando empezó un nuevo capítulo en la vida de Yeny: uno lleno de amor y compañerismo.
Llegó la noche del cine. La película avanzaba. Él puso el brazo en su hombro, la miró, y la besó. En ese instante exacto, la tierra tembló literalmente. Un terremoto de verdad, sí, de esos que salen en las noticias. Todo Arequipa salió corriendo entre gritos. Todos. Absolutamente todos. Excepto ellos. Se quedaron abrazados en sus asientos mientras ella solo pensaba: «qué beso».
– Ese día entendí que algunas historias de amor comienzan de la manera más inesperada y mágica- nos cuenta Yeny.
Dejar el Perú para Renacer: el Salto de una Migrante que no Sabía que Sería Atleta
Europa apareció como una oportunidad, y Suiza fue su primer destino. Vivir allí fue una experiencia transformadora que le enseñó a adaptarse a un entorno nuevo y diverso, a valorar la organización, la puntualidad y la disciplina. Poco a poco aprendió a equilibrar sus raíces peruanas con nuevas formas de pensar y vivir, combinando tradición y modernidad en su día a día.
En Suiza empezó su nueva vida como atleta, corriendo, dos horas al día. Hasta que el cuerpo dijo basta. En el gimnasio, una mujer francesa se le acercó y le dijo que tenía motivación y constancia, que debía probar el fisicoculturismo. Yeny no sabía nada de eso, pero dijo que sí.
Allí nació su amor por el fisicoculturismo, un camino que le enseñó disciplina, constancia y fuerza de voluntad, mientras mantenía viva la conexión con sus raíces peruanas. Salir de Perú la hizo crecer en independencia y organización, equilibrando su vida como mujer y mamá, demostrando que las raíces no se pierden al expandirse a nuevos mundos.

Diez Veces al Escenario, Cuatro Países y una Promesa Cumplida
El fisicoculturismo no llegó como un plan. Apareció poco a poco, casi como una extensión natural de su disciplina. Primero fue el deporte, el movimiento, la necesidad de mantenerse activa. Luego, el gimnasio se convirtió en un espacio más serio.
Su primera competencia fue brutal — venía de una familia católica con tabúes, medía 1.50, subir a un escenario en bikini era todo lo que le habían enseñado a no hacer. Sintió miedo, vergüenza, dudas. Pero subió. Francia – Top de Colmar: segundo lugar, Suiza: segundo lugar, dos veces, Italia: cuarto lugar, España: tercer lugar, Países Bajos: tercer lugar durante la pandemia.

Diez competencias en cuatro países. Pero la más dura no fue ninguna de esas. Llegó con el COVID. Meses de preparación sin garantías, sin saber si habría competencia, sin saber si todo el esfuerzo tendría un resultado. La duda se instaló. ¿Seguir o detenerse? Yeny tomó una decisión: «Hasta quemar el último cartucho». Dos días antes de la fecha límite se confirmó. Viajó, subió al escenario. Tercer lugar.
10 competiciones, 10 veces subí al escenario. Y una sola decisión que lo cambió todo: no rendirme.»
Detrás de Cada Sueño hay un Equipo.
Yeny no está sola en este camino. Detrás de cada kilo levantado, de cada gota de sudor y de cada meta conquistada, hay alguien que cree en ella tanto como ella misma: Joel Gata.
Joel no es cualquier coach. Es un atleta profesional que entiende lo que significa exigirse al límite porque él mismo lo vive. Pero va mucho más allá: es su guía y su aliado incondicional. Él diseña cada programa de entrenamiento a la medida de Yeny, controla su dieta al detalle y la empuja a dar siempre un paso más. Y como si eso fuera poco, también tiene su propia marca de ropa deportiva: “Focus Evolution”, con la que Yeny entrena y compite luciendo estilo y actitud. Además, este año celebra algo grande: la cuarta edición de la Gala Focus Body Show que se celebra cada año en el mes de octubre, una competencia internacional de bodybuilding que él mismo organiza y que ya está dejando huella en el fitness europeo.

No se trata solo de ejercicios y comidas. Se trata de tener a alguien que te mire a los ojos y te diga: «Tú puedes, y yo voy a estar aquí para ayudarte a lograrlo». Esa combinación de disciplina, nutrición, equipamiento de calidad y apoyo incondicional es lo que convierte los sueños de Yeny en realidades. Porque cuando tienes a un campeón creyendo en ti, es imposible no convertirse en uno también.
Cocinar dos Veces al Día: La Rutina De Una Mamá que También Compite
Ser mamá lo cambió todo. Cada mañana, Yeny organiza a su hija para el jardín, deja la casa lista y entonces, solo entonces, entrena. Dos horas, dos horas y media. Todos los días. No hay excusa.
Su vida está en construcción constante. Nuevos retos, nuevas metas, nuevas adaptaciones. Pronto empezará un curso de holandés.
Valora la tranquilidad, el orden, la calidad de vida que este país le ofrece. Le da paz saber que está construyendo un futuro estable para su hija. Pero también hay una parte de su corazón que siempre extraña Perú: su gente, el calor humano, las risas espontáneas, su familia, sus costumbres. Vivir entre dos mundos no es una contradicción. Es una riqueza.

Si le pides que describa Perú, no duda: alma, magia y respeto. Alma en su gente. Magia en sus paisajes. Respeto por la tierra que la vio nacer.
Su sueño más grande no es ganar una competencia. Quiere estudiar coaching, especializarse en masajes deportivos, ayudar a otros a sanar y crecer. Quiere mostrarle a su hija que ser fuerte no es solo físico.
A los peruanos fuera del Perú les dice que nunca olviden de dónde vienen. Que nuestra cultura, nuestras tradiciones y nuestros valores son un tesoro que llevamos en el corazón sin importar dónde estemos. Que nunca pierdan la alegría de vivir, la pasión por lo que hacen y la fuerza de ser ellos mismos.
Yeny mide menos de 1.50. Pero cuando pisa un escenario, cuando defiende una tumba preincaica, cuando monta un nacimiento peruano en Frisia o cuando entrena con música quechua mientras su hija duerme, parece mucho más grande. Porque el Perú no se queda atrás cuando migramos. Se queda con nosotros.

Te invitamos a apoyarla y seguirla en sus redes
Aqui el link de su coach Joel Gata
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